El pasado 16 de Enero cumplió 20 años Macuarium.com. Fundamos este portal cuando se llamaban así, allá cuando las punto com no habían reventado por primera vez. Era una página de rumores, guías y ayuda para usuarios de Mac, en la época en que todo el mundo decía que Apple iba a quebrar y sus clientes éramos menos del 1% del mercado español. Nadie nos daba la hora en administraciones públicas o empresas, no había modo de encontrar software ni soporte. Así que nos liamos la manta a la cabeza y lo hicimos nosotros.

Con los años Macuarium se convirtió en la mayor web de temas Apple en español del mundo, con bastante diferencia, una de las “webs de alto tráfico” de este país. Revistas y webs cerraron pero nosotros seguimos creciendo. Apple España mandaba a los usuarios a buscar respuestas a nuestros foros. Decenas de usuarios colaboraban con artículos, se registraban miles al mes, y creábamos auténtico valor para millones de personas. Convencimos a Hacienda de que sacara el programa PADRE para Mac (y ayudamos a probarlo, y organizamos el soporte al usuario del primer año). Editamos, con Anaya, la primera guía de Mac OS X escrita en español (las traducciones son otra cosa). Editamos varias revistas en PDF y una de las primeras para iPad. Creamos software de muchos tipos. Publicamos monografías sobre gestión del conocimiento. Derrotamos ataques de vandalismo online en plena Nochebuena. Hicimos muchas cosas interesantes. Y al final, Apple resurgió y ganó la guerra, y tuvo tiempo de crear sus propios foros de soporte; su actualidad sale en los periódicos, hay decenas de blogs (y podcasts, y lo que uno quiera) y nuestro pequeño gigante hecho de voluntariado fue planeando durante años hasta desaparecer en 2017.

Y en Octubre de 2018 lo resucitamos, porque demasiados lo echábamos de menos. Tuvo un renacimiento espectacular y estoy seguro de que le irá muy bien. Pero de todo eso podemos hablar en otro momento. Hoy sólo quería contarles un par de cosas que aprendimos por el camino.

Una es que la gente es capaz de cosas increíbles si encuentra el canal adecuado, el objetivo adecuado, el entorno que se lo permita. Que el liderazgo de verdad emerge, se asume, se demuestra haciendo las cosas que hacen falta. Los que quieren hacer siguen a los que hacen. El liderazgo no lo dan los títulos ni los apellidos ni la autoridad formal, sino la dedicación, la competencia y la calidad humana. Dar una oportunidad de hacer y crecer es la mejor manera de llevarse sorpresas agradables. Y darla, y no ver reacción, es la prueba del algodón.

Es algo que he aplicado en decenas o cientos de ocasiones, en proyectos de consultoría y en startups, y hasta (muy modestamente) en la política. Y he visto lo que pasa cuando se gestiona con otros criterios. Cuanto menos práctica es una organización (o un equipo), menos motivación hay, y mucho menos rendimiento.

Otra es el partidismo. En Macuarium había gente de distintos países, creencias, opiniones, y afiliaciones políticas. Pero acabamos prohibiendo la política, después de muchos experimentos, porque verificamos que aquello acababa como Twitter por mucho que quisiéramos evitarlo. Y nos dimos cuenta de que el problema no era el intercambio de opiniones sobre “actualidad” ni sobre “soluciones”, sino el momento en que esas opciones se identificaban con un partido u otro. Entonces se formaban bandos, y ya daba igual que estuvieran de acuerdo en el fondo, discutían por el partido. Como hinchas de fútbol.

Hoy lo vemos por todas partes. La gente sensata (y muchos a los que usted no llamaría sensatos) está de acuerdo en muchas más cosas prácticas de las que admitirían, pero son capaces de bloquearse mutuamente, y maltratarse verbalmente, porque su matiz lo defiende un partido en lugar de otro.

Otra es que los voluntarios llegan y pasan, como todo en la vida. El momento en que uno tiene tiempo es éste, mañana quizá no, en un año quizá tendré un hijo y menos posibilidades, o mi pareja quizá se harte de verme teclear de madrugada. Un voluntario es un tesoro que hay que cuidar, y también que hay que saber dejar ir. Nadie ha vivido de Macuarium (aunque sí hay quien vive de lo que aprendió aquí, afortunadamente), todos somos voluntarios. Eso hace que aprendas a entender que no hay que apretar a la gente más allá de los límites del resto de su vida, porque un voluntario quemado no es sólo un voluntario menos, es alguien al que has hecho daño.

Y lo mismo en la “vida civil” y en todas las cosas. Pedir demasiado, esperar demasiado, no sólo perjudica al que lo hace y se lleva el chasco. También daña al que intenta cumplir con ello.

Las lecciones son muchas, igual un día las ponemos por escrito de verdad. Pero veinte años después, lo que de verdad me llevo es la sensación increíble de pertenecer a un equipo y a una comunidad que se preocupa realmente por ser útiles a los demás, a los que conocen y a los que no. Que ha ayudado a resolver millones de problemas y sigue haciéndolo a diario. Sin más recompensa que haberlo hecho… y haberlo pasado bien haciéndolo.

Miguel Cornejo (@miguelcornejoSE) es economista y, entre otras cosas, editor de Macuarium.com