poisoned_apple_in_snow_whiteAprovechando que estamos en fechas de Halloween, y ya que no parece que vayamos a disfrazar a Macuarium, sacamos algunas historias de terror que teníamos guardadas. Este año tocan las aventuras judiciales en las que Apple aparece como el malo de la película.

Es habitual leer que Apple demanda a Samsung o a algún otro copiador de propiedad intelectual, o que se defiende de intentos evidentes de aprovecharse de su trabajo. Lo que no es tan frecuente es ver cómo los jueces le dan la razón a los que la acusan de usar sin permiso la propiedad intelectual de otros.

En los últimos meses Apple ha recibido al menos tres bofetones. Uno, que ya comentamos al hablar de Apple Titan (el coche de Apple), tiene que ver con la demanda por llevarse cruda la propiedad de un fabricante de baterías por el método de contratar a la mitad de su personal. Ahí Apple acabó pagando a A123 una cantidad sin desvelar.

A comienzos de año perdió también un caso contra Smartflash por saltarse patentes relacionadas con juegos (en concreto con almacenamiento y acceso a datos). Mientras recurren el fallo del tribunal, Smartflash les ha vuelto a demandar… por seguir usando la misma tecnología en los nuevos aparatos de la manzana.

La reacción de Apple a la segunda demanda parece haber sido protestar porque el demandante “se aproveche de un trabajo sin haber llegado a construir un producto”. Vamos, que como Smartflash no lo usaba, ¿porqué no lo iban a usar ellos? Lo de licenciar patentes -el modo en que Smartflash rentabiliza sus investigaciones- parece que no les gusta lo suficiente.

La última es un fallo judicial de hace dos semanas que les obliga a pagar a la Universidad de Wisconsin-Madison por usar tecnología propiedad de su fundación en los procesadores A7, A8 y A8x (la cantidad está pendiente de decidir, y después de eso seguramente Apple recurra como ha hecho con Smartflash). Apple alegaba que la patente era “inválida” (quizá también porque no se había concretado en ningún producto). El tribunal ha fallado lo contrario.

Para celebrarlo, la fundación de la universidad (la Wisconsin Alumni Research Foundation) les ha puesto otra demanda por seguir usando la tecnología en los procesadores A9 y A9x.

Una cierta falta de cuidado

Vista la escala de los pagos otorgados a Smartflash (en torno a los quinientos millones de euros) y lo que piden los de Wisconsin (no llega a los mil millones), no es probable que mañana se derrumbe la cotización de Apple (cincuenta y dos mil millones de beneficio trimestral). Sin embargo no deja de ser preocupante.

Apple tiene una trayectoria de poco cuidado con las marcas de terceros, prefiriendo lanzar su producto y llegar a acuerdos luego (véase los problemas con la marca iPhone, que era propiedad de CISCO ni más ni menos), y sin miedo a arrastrar procesos judiciales durante décadas antes que llegar a acuerdos que no le convienen (uso de la marca Apple, propiedad de los Beatles, en negocios musicales).

Pero en los últimos tiempos estamos viendo casos de uso de tecnologías patentadas por terceros (algo que Apple conoce de sobra y practica también), tecnologías que están a la venta y son licenciables, no escondidas en un cajón lejos de la vista. Estamos viendo cómo Apple se pelea por cantidades que se gastaría normalmente en comprar no ya la patente sino la entidad propietaria.

Se podría pensar que realmente quieren forzar un cambio en el sistema de patentes (que dicen que no les gusta). O que intentan lanzar el producto sin revelar su jugada. O que sus abogados se aburren mucho. Pero viendo las cosas que infringen parece que sencillamente no están poniendo la atención debida en identificar el origen de la tecnología que emplean y pagar al dueño. Parece que sencillamente les resulta más sencillo pagar a quienes se dan cuenta, les demandan, y aguantan el proceso judicial. Algo que no está al alcance de todos. Y algo que no habla demasiado bien de la nueva empresa de la manzana.

Parece bastante claro que cuando Jobs repetía la frase de que "true genius steals" no se refería a apropiarse de propiedad intelectual de entidades pequeñas sin pagar. Sin ir más lejos, el pagó a Xerox por el trabajo de interfaces del Palo Alto Research Center (PARC), aunque fuera en acciones. Es una tradición que parece bonito seguir.

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