logodobeDesde hace muchos años se especula con que Apple podría comerse al fabricante de software… cuando no se rumorea lo contrario. Y cada vez que hay vacas flacas en el sector volvemos a la misma historia.

Mark Stephens (el nombre real de Cringely) izó la bandera allá por el 2005 y sigue siendo el abanderado oficial. No es que la idea fuera suya (ya se comentaba en el 2002 aquí en Macuarium) pero la argumentó magníficamente y la argumentación mejora año tras año, véase la edición 2008… y como decíamos, los argumentos siguen siendo válidos. Por éso, cuando la compra aparece en las quinielas de TechRepublic, no podemos evitar comentarla.

El señor Hiner especula con posibilidades de compra o fusión de empresas dentro del sector IT, tomando en cuenta no sólo quién es parte del "ecosistema" de quién y cual es su estrategia, sino quienes tienen dinero para meterse en aventuras. Y claro, entre otros salen Apple y Adobe.

Pensemos en ello: Apple tiene un balance más que sólido y un negocio que sigue creciendo, bien adaptado a los tiempos que corren (costes mínimos, modelo de distribución casi directo, márgen saneado, algunos productos de alto crecimiento). A la vez, sigue dependiendo de unos pocos fabricantes de software que son "la referencia" en sectores clave para los clientes de Apple. Cuando uno de esos fabricantes no apoya la plataforma con entusiasmo, Apple lo pasa mal (véase retrasos de Office o Photoshop) … y cuando alguno abandona la versión Mac (toda la gama de e-learning de Adobe), Apple se cae con todo el equipo.

Como decía Cringely citando a Jobs, Apple está en el negocio creativo. Ese es el mercado en que ha elegido competir, y lo hace con fuerza: busca aumentar el valor de usar el Mac, asegurando que las mejores herramientas están en su plataforma.

Cuando no ha habido suficientes desarrolladores, Jobs se ha liado la manta a la cabeza y ha comprado el código o lo ha escrito. Cuando los desarrolladores no han prestado suficiente atención a la plataforma (Avid) Apple se ha encargado de comprar y combinar software a la altura necesaria.

Estándares, herramientas, competencia

Pero Adobe es mucho más compleja que un fabricante monoproducto. Tiene tentáculos desde la automatización de procesos y firma digital hasta la gestión del color, servidores de aplicaciones, servicios de conferencia web, players multimedia…

Apple y Adobe compiten en varios terrenos, y no sólo en aplicaciones. Impulsan estándares diferentes para la visualización de contenidos, o para el desarrollo de aplicaciones web (RIA), por poner dos. Pero su forma de competencia favorita no es ésa, sino la compra de sus mejores rivales.

A través de una cadena de compras que lleva hasta la antigua Aldus y termina en Macromedia, Adobe ha hecho lo que nadie se atreve a hacer: consolidar nichos a golpe de talonario, convirtiéndose en el proveedor de referencia para cada vez más tipos de aplicaciones. Véase el caso de Photoshop, o el de Flash, o el de Dreamweaver, o el de Illustrator, o el del estándar PDF, o de… Y véase lo que queda de la competencia.

El hecho de que no compita directamente con Microsoft u Oracle hacen que se disimule bastante el tamaño que tiene y el peso que sus aplicaciones y estándares tienen en la industria. Pero lo tienen: se encuentran a lo largo y ancho de todas las empresas y en los ordenadores de todos los usuarios.

Si Apple comprara Adobe, resolvería varios problemas y crearía otros, y por el camino probablemente organizaría un buen revuelo en la industria. Veamos:

Ventajas: adiós al complejo de David

Si Apple comprara Adobe e incorporara las divisiones que encajan con su estrategia software, así como las que controlan estándares que le interesan, sencillamente rompería la baraja.

Por un lado estaría en condiciones de tablas (o casi) con Microsoft. Sin buena voluntad por parte de Apple, muchas aplicaciones de Microsoft podrían empezar a funcionar peor que las versiones Mac… o incluso Linux. Eso debería asegurar versiones de Office hasta el día del juicio.

Por otro, el volumen de ventas de software y los estándares controlados sería lo suficientemente serio como para convertir a Apple en un socio de referencia para casi todo el mundo, con una posición de fuerza que ahora mismo no tiene.

Desventajas: primero, la crisis de identidad

Como decíamos, Adobe no es una empresa monoproducto. Es un monstruo. Una entidad muy compleja y muy difícil de dirigir (no hablemos de digerirla), con una cantidad de ingenieros, programas, iniciativas, proyectos y estrategias que ni ellos mismos parecen capaces de coordinar a veces.

Apple ya tiene bastante siendo una empresa de ordenadores que quiere ser empresa de electrónica de consumo mientras intenta comerse el negocio de la distribución de contenidos y desarrolla software de primera clase (empezando por todo un sistema operativo). Si añadimos un mamut del software creativo, el cruce de prioridades puede ser crítico.

Desventajas: segundo, el exceso de protagonismo

O llámalo, la posibilidad de que la tomen con Apple.

Primero, porque estaría sentada encima de la mayoría de las herramientas necesarias para la creación de contenidos, así como de los estándares para usarlos y transmitirlos, y encima controlaría muchos de los medios para comercializarlos. Y eso invita a una investigación por abuso de posición dominante, especialmente si intentara usar esas nuevas herramientas para favorecer su posición en el mercado de sistemas operativos.

Además, estaría compitiendo con demasiada gente en demasiados mercados, y no podría evitar perder el foco que actualmente mantiene. En resumen, la posibilidad de perder tiempo y dinero peleando batallas en diecisiete mercados en los que no está interesada estratégicamente… sería más que seria.

Solución: compra y desmonta el puzzle

La solución más bonita sería que Apple comprara Adobe… y la desmontara radicalmente.

Algunas partes tienen sentido como divisiones de Apple o dentro de ella; otras no encajan ni con cola. Algunas tienen estrategias compatibles, otras no tienen nada que ver. Y todas tienen valor en el mercado, aunque éste no sea el mejor momento.

El resultado sería, probablemente:

– La absorción de la mayor parte de las suites creativas y de los estándares de formato documental (en resumen, Flash). Y también de algunas que no tienen versión Mac. Esto no tendría porqué hacerse directamente: pensemos en FileMaker, un ejemplo del modo de Apple de abordar la fabricación y distribución de software multiplataforma. Una parte de Adobe tendría sentido como empresa semiindependiente.

– La venta de las unidades que no tienen que ver con el mercado creativo (p.ej. Acrobat se orienta al mercado corporativo, y Apple no lo necesita para nada una vez que controla el estándar).

– El cierre o eliminación (por absorción, seamos amables) de las unidades responsables de programas que son competencia directa… al menos, allí donde las autoridades de Competencia no griten mucho. Y no sólo aplicaciones: por ejemplo, habría que ver qué hace Apple con todo el entorno de RIA, que está ganando más soporte del esperado.

– El cierre (o venta, seamos optimistas) de las unidades que no son, o no parece que puedan ser, líderes en su mercado.

Las consecuencias podrían ser curiosas. Si lo que vende merece la pena, o Adobe sobrevive como participada compitiendo con productos multiplataforma, desataría una oleada de competencia sanísima en las zonas en las que Adobe ha monopolizado la oferta progresivamente desde hace años. Por no mencionar que favorecería la posición competitiva de Mac OS X.

En resumen

No hay ninguna fuente que señale que esta hipotética compra esté siendo siquiera comentada por sus protagonistas, o lo haya sido alguna vez.

Las especulaciones de Cringely son interesantes, los argumentos son convicentes, Apple tiene el dinero (o al menos tiene el suficiente para hacerse con el control, ya que no el 100%)… y si bien es verdad que Jobs no es aficionado a grandes compras, lo cierto es que está semijubilado. Así que, ¿quién sabe?

 

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