En Macuarium tenemos la costumbre de fijarnos en las charlas que dan las cabezas visibles de Apple desde que Jobs dio su memorable conferencia. Las charlas y entrevistas de Jony Ive no son tan memorables pero suelen dejar alguna idea llamativa y (a veces) una pizca de controversia. La anterior no tuvo desperdicio («Sir Jony Ive y la teoría de la innovación significativa»), y la más reciente es un ejemplo.

En su discurso de aceptación de la beca Stephen Hawking en el Cambridge Union (recogido aquí por el Independent) Ive no sólo nos mostró porqué los gurús de la tecnología esquivan vestirse como ejecutivos tradicionales. También habló de facetas curiosas del proceso creativo, y al ilustrarlo con historias sobre la App Store dio pie a interpretaciones curiosas… que en cualquier caso ofrecen una perspectiva de cómo se ven las cosas desde dentro de Apple, la empresa que llevo por bandera aquello de «el talento toma prestado, el genio roba» hasta que Microsoft les robó demasiado.

La beca Stephen Hawking (una «fellowship», de difícil traducción al castellano) se le otorgaba por combinar su conocimiento de las disciplinas técnicas con su habilidad para comunicarlas.

Entre sus reflexiones cabe resaltar algunas sobre su profesión y otras sobre el modo en que nos relacionamos con la tecnología. Como «Cuando la tecnología nos resulta compleja, asumimos que el problema lo tenemos nosotros. Si comes algo que sabe mal, no asumes que el problema lo tienes tú. Pensé que debía mencionarlo».

O sobre la diferencia entre una idea y un producto terminado. «Paso mi tiempo en Apple en la intersección de arte y tecnología. Creo que, casi por definición, las ideas son frágiles. Si estuvieran enfocadas, si fueran robustas, no serían ideas, serían productos ya lanzados, un álbum editado, un edificio construido. No sé bien porqué pero creo que siempre he disfrutado cuando el pensamiento más tímido, con frecuencia de la voz más tranquila, evoluciona y se convierte en productos sustanciales y significativos».

El paso de uno a otro requiere combinar dos modos de pensar «polarmente opuestos»: el creativo y curioso, y la orientación a resolver problemas. Uno quiere seguir explorando y otro tiene que llevar esa idea hacia un producto concreto. Un «conflicto fundamental» entre la curiosidad «que alimenta y motiva» pero que aislada sólo lleva a «un montón de listas y quizá alguna idea» y la determinación en resolver los problemas que se presentan sean los que sean. Y «ahí es donde la cosa se pone bastante irónica y tiende hacia el absurdo». Ese paso de idea a búsqueda de soluciones es continuo (encontrar nuevas soluciones requiere nuevas ideas).

Sobre el origen de la App Store, aportó la perspectiva de los diseñadores de la primera Store construida para iOS por Apple. El concepto, como es bien sabido por cualquiera que lea Macuarium, es muy anterior y se debe a Jesse Tayler y su equipo de Electronic App Wrapper, una plataforma de distribución de software para NeXT que nació hace algo más de 25 años, y fue presentada a Jobs en su versión 3.

La «idea frágil» con la que trabajaba Ive en este caso no es la funcionalidad de instalación o gestión de permisos (tomada de AppWrapper), sino su interfaz de uso, y en concreto el reto de convertir esa aplicación en algo usable en pantalla táctil aplicando el «multitoque», capacidad de reaccionar a más de un punto de contacto en pantalla simultáneamente… o como dice Ive, de pellizcar algo para ampliarlo, u hojearlo pasando los dedos.

La interpretación que hace el Independent de la historia (y algún medio online español que no señalaremos) hace que parezca que Ive se atribuye el diseño del Store cuando está, de hecho, hablando del proceso de creación del interfaz táctil con un ejemplo de uso. Pero como diría Ive, el problema no es del usuario, sino del que da la charla.

Otras citas destacables se refieren a la colaboración y la diferencia entre ideas y opiniones: «Sin duda, colaborar estrechamente con múltiples expertos en diferentes disciplinas es uno de mis aspectos favoritos de ser parte del equipo de Apple pero presenta retos que son función de trabajar como parte de un grupo grande. En un grupo grande, las opiniones se suelen confundir con las ideas. Las opiniones expresadas en grupos grandes tienen a centrarse en lo medible, tangible, y fácilmente evaluado y comunicado. Por eso hay una obsesión con atributos como tamaño y peso y velocidad, capacidad, calendario o precio. Y ahí a veces está el peligro: hablamos de esos atributos porque asumimos que son importantes».

O la relación entre aprendizaje e innovación: «Cuando miramos de verdad un problema es una oportunidad de aprender juntos, y descubrimos algo juntos. Nosotros sabemos que aprender en comunidad es potente. Alimenta y apoya el impulso que fomenta una familiaridad y una aceptación de los retos asociados con hacer cosas difíciles. Y he llegado a aprender que un deseo de aprender hace que hacer cosas nuevas de un poco menos de miedo».

La charla terminó con una cita de Jobs. «Hay muchos modos de ser persona. La gente expresa su aprecio de diferentes maneras. Pero creo que uno de los modos en que la gente expresa su aprecio por el resto de la humanidad es hacer algo maravilloso y ponerlo ahí fuera. Y nunca conoces a esas personas, nunca les das la mano. Nunca escuchas su historia ni les cuentas la tuya pero, de algún modo, en el acto de hacer algo con cuidado y cariño, se transmite algo. Y es un modo de expresar al resto de nuestra especie nuestro profundo aprecio».

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Imagen: The Independent.