Está claro que en las organizaciones humanas, lo realmente vital son las personas. El caso de Macuarium es un ejemplo claro. Realmente su calidad está definida por la calidad de las personas que lo hacen.

Para empezar, están los padres de la criatura, Miguel e Itziar, que marcan el tono y la línea a seguir y que siguen trabajando incansablemente para el invento siga adelante. Bueno, no sé si incansablemente, supongo que a veces se cansarán y me imagino que más de una vez habrán pensado en tirar la toalla; no serían humanos si no les pasara.

Además, sin la ayuda de los diversos colaboradores, sobre todo los moderadores, que también curran lo suyo sin llevarse ni un duro, esto no existiría.

Por último, todos los miembros de la comunidad –salvo contadísimas excepciones– crean un ambiente de colaboración desinteresada que es realmente excepcional. Incluso cuando un usuario nuevo hace una pregunta que se ha hecho mil veces en un foro, se le dice que mejor haga una búsqueda y que se lea las normas de los foros, pero normalmente con un tono amable, y a veces hasta se acaba respondiendo a su pregunta, sólo diciéndole algo como "esas búsquedas…" Muy distinto a la actitud mucho menos generosa de algunos otros foros.

En efecto, esto no es un servicio, un objeto o un lugar, sino una comunidad. Una comunidad en la que cada miembro hace lo poco o mucho que puede y en la que hay un ambiente de echarnos una mano unos a otros. Me recuerda bastante el concepto de minga de los indios quichuas: una minga es la convocatoria de todos los miembros de la comunidad para ayudar en una necesidad especial: construir una casa, salir a la selva a cazar y recolectar alimentos, lo que haga falta. La minga es en realidad una obligación moral: si formas parte de la comunidad, con los beneficios que eso te aporta, tienes el deber de colaborar con tu trabajo cuando se necesita. Lo contrario es ser un caradura.

Nada de virtual 

Si bien las definiciones de comunidad en los diccionarios normalmente incluyen el concepto de la cercanía geográfica, internet le ha dado un vuelco al concepto. No es casualidad que una de las primeras comunidades en internet haya sido The Well (www.well.org), que nació como una BBS en 1985 en la zona de San Francisco, California. The Well se desarrolló a partir de Whole Earth, un movimiento que en origen estuvo muy vinculado a las comunas hippies y que posteriormente se integró en la revolución digital. Este salto no es tan extraño. En realidad, las comunidades basadas en la tecnología informática pueden –en ocasiones– cumplir el ideal utópico de la vida comunal en la que todos echan una mano. Nuevamente, el concepto de minga como un componente integral de una comunidad.

En ocasiones se habla de comunidades virtuales, pero  de virtuales nada, son comunidades reales, aunque no vivamos todos en la misma aldea. MacLuhan no andaba muy descaminado cuando predijo que en el futuro las tecnologías de la comunicación convertirían el planeta en una aldea global. Hoy en día todos somos vecinos, tanto como los habitantes de una aldea.

¿Crisis, qué crisis? 

Las crisis les vienen bien a las comunidades. Cuando surgen necesidades extraordinarias, se pone a prueba la solidaridad de los miembros. Los resultados pueden ser una desmembración o una cohesión más fuerte. Si los miembros responden con solidaridad, la consecuencia será una mayor conciencia de pertenecer a esa comunidad.

Aunque los visitantes ocasionales son bienvenidos, y nunca se les hará sentir incómodos, Macuarium es, claramente, una comunidad; una comunidad que lleva bastantes años de desarrollo. Y resulta evidente, por lo que se ha visto hasta ahora, que tiene un largo recorrido por delante. Eso sí, con la colaboración de todos.

 

Puedes comentar la opinión de Liam en los foros .