La vida es inestable, todos lo sabemos… pero no todos los cambios son iguales.

¿SE PUEDE CAMBIAR A MAC?

Se puede cambiar a Mac. Es algo que asusta, al igual que asustaría cualquier otro cambio que afectase tanto, a algún aspecto de tu vida. Pero, que se puede, es un hecho. Lo importante es responder otras preguntas: ¿Merece la pena? ¿Qué gano? ¿Qué pierdo? ¿Cuánto me costará? ¿POR QUÉ?…

La publicidad no sirve. Sí, te enseñan la parte bonita del asunto… pero al fin y al cabo, ese es su negocio. Si miras la publicidad del de al lado, parece que te ofrece lo mismo. Y no tienes manera de informarte mejor, porque casi con toda probabilidad no conoces a nadie que tenga un Mac. Nadie que te lo enseñe directamente, y te cuente su experiencia. Si acaso, conoces algún diseñador o creativo que los usa, quizás un artista o músico. Pero desde luego en tu oficina no hay ni uno. Al fin y al cabo, ¿por qué apartarte de la corriente? ¿Por qué arriesgarte a quedarte colgado y aislado de tu entorno?

Por eso es necesario que contemos nuestra historia. La de nosotros, esos usuarios normales de toda la vida, que necesitan el ordenador para esas tareas normales de toda la vida. Que tenemos trabajos normales de toda la vida. Y que hasta hace poco hemos usado los ordenadores normales de toda la vida, es decir, un PC con Microsoft Windows. Los más atrevidos, han optado por un procesador AMD en lugar de un Pentium, y poco más. Linux, una alternativa muy interesante, está fuera del alcance de los usuarios domésticos: es demasiado difícil. Hay otra opción.

COMO MUCHOS DE MI GENERACIÓN, EMPECÉ JUGANDO

Empecé a interesarme por los ordenadores desde pequeño, con el ZX Spectrum de Sinclair que tenían mis padres para jugar. Conforme fui creciendo, alguna partida ocasional al Amstrad de algún amigo, y después las videoconsolas. Y el ordenador de mi casa, como en casi todas las demás, era un PC.

Cuando empecé a tener necesidad de usarlo, para trabajos del colegio, MS-DOS y WordPerfect eran mis compañeros. Era poco amigable. Era feo, Pero funcionaba a las mil maravillas, narices. Aún recuerdo aquel día en que mi padre instaló un programa que permitía ver tus documentos no como un nombre en una lista, sino como un archivo en una carpeta. Windows 3.1 había llegado.

Con la entrada de Windows 95 en mi vida desapareció la necesidad de manejar ese terminal de comandos, y sin embargo las cosas empezaron a dar más problemas. A veces los programas no se instalaban bien, siempre había "un controlador" o "una DLL" que no estaba instalado/a, y eso suponía una pantalla azul, un programa que, directamente, "no iba"…

PARA SEGUIR BUCEANDO EN WINDOWS E INTERNET

Cuando el ordenador empezó a depender más directamente de mi, poco a poco fui, como casi todos los jóvenes, metiéndome en el mundillo de Windows. Empezando a interesarme por los aspectos menos habituales, investigando sobre cómo configurar el sistema…

Llegó la Universidad, y mi primera conexión a Internet. La instalación de módem, proveedor de acceso, cuenta de correo y Outlook Express me llevó toda una tarde, pero terminó funcionando. Aunque con ella llegaron los virus. Había tenido antes un par de experiencias desagradables con ellos, pero desde la llegada de Internet la cosa se puso mucho más espinosa. Pronto llegó un nuevo ordenador, gracias a los Reyes Magos, un AMD Athlon K7 con Windows Millenium Edition, y un flamante monitor LG Flatron 17» de pantalla plana. Alucinaba con mi equipo, aún hoy sigo teniéndolo con Windows XP, y siempre he dicho que nunca he usado un PC que me haya dado tantas satisfacciones y mejor resultado.

De todas maneras, los problemas, aunque contados, siguieron ahí: una webcam que no funcionaba hasta la quinta vez que se instaló, varios virus (W32 Disemboweler…aahhh, te cargaste mi disco duro…) y reformateos y reinstalaciones periódicas para mantener el ordenador estable y sin fisuras. Ahora Windows XP Pro y Ubuntu Linux cohabitan ese equipo.

YO PENSABA QUE LAS COSAS TENÍAN QUE SER ASÍ…

Yo pensaba que las cosas tenían que ser así…Pero no.

Hace bien poco (apenas un año y medio), en una conversación fortuita con un amigo surgió el debate entre Mac y PC. Es curioso como la influencia de las mismas leyendas urbanas se repite por todo el mundo: incompatibilidades, elitismo, exclusividad, precio, precio, prestaciones y otra vez precio. Él se encargó, una por una, de ir desmontando mis reticencias:

–¿Incompatible? No. En absoluto. Abro cualquier tipo de documento Word, Powerpoint… –¿Elitista? ¿Acaso soy rico? –¿Precio? ¿Cuánto te costaría un PC equivalente comprando la licencia del XP Pro, Office, Photoshop Elements, las reinstalaciones, formateos, antivirus, firewall… tu tiempo?

Y ENTONCES LO VI: ¿UN BLANQUITO O UNA CUCHARA DE PIEDRA?

Aunque no convencido, me fui de esa conversación con la mosca detrás de la oreja. Poco a poco fui recabando información aquí y allá por los rincones de la red: Una historia de "switcher" aquí, un artículo allá… pero nada concluyente.

En mis visitas a El Corte Inglés o Fnac, ahora prestaba atención a esos equipos tan bonitos que están apartados en un rincón.

Y entonces lo vi: El portátil más bonito que había visto en toda mi vida. Blanco, pequeño, ligero, con una pantalla impresionante… y con una etiqueta de precio totalmente fuera de mi alcance. Me informé sobre qué equipo era, qué significaba G3, por qué era más potente un G4 y qué tipo de sistema operativo usaba. Y aquí llegó mi segunda sorpresa.

Cuando descubres que has estado toda tu vida utilizando una cuchara de piedra, y ves la primera cuchara de acero, debes sentir algo parecido a lo que yo vi: más estático, limpio, sencillo y ordenado, eficiente y estable, y todo un UNIX en su corazón. Mis estudios de Ingeniería de Telecomunicación me obligaban a pensar en las posibilidades de trabajar con ese sistema, y la capacidad UNIX era algo que me asombraba. Además de esa robustez, vi un despliegue de efectos y detalles que jamás había soñado: ¡Las ventanas se deformaban al minimizarse! ¡Ese sistema con nombre de felino (Jaguar) tenía un panel inferior que ampliaba dinámicamente los iconos!

Desde entonces, empecé, como muchos usuarios de Windows que conocen el Mac OS X por primera vez, a "disfrazar" mi equipo (http://gedto.host.sk/desktop/).

Es sencillo transformar tu XP para que parezca un Macintosh. Sin embargo, la experiencia es sumamente insatisfactoria. Es como la margarina: mantequilla sin gracia. Para aquel entonces había conocido por azar una comunidad de usuarios muy dinámica y dispuesta: Macuarium, y allí empecé a leer páginas y páginas de información aprendiendo todo lo que necesitaba saber del Mac para empezar a pensar en que podría llegar a comprar uno… algún día.

EL MOMENTO LLEGÓ EN 4 PALABRAS: NO HABÍA MARCHA ATRÁS

Hasta que llegó el momento. Nunca piensas que abrir una ventana de navegador y teclear una dirección vaya a cambiar la manera de la que has visto el mundo de la informática durante toda tu vida, de forma que nunca volverá a ser lo mismo. Entré en la página de Apple (para seguir estudiando modelos y precios), y me encontré con un mensaje. Cuatro palabras. El. Nuevo. iBook. G4.

De repente, la posibilidad estaba ahí, al alcance de la mano. Un equipo moderno, potente, y a un precio asumible. Buscaba portabilidad, y sus cinco horas de autonomía y los apenas dos kilos de peso me la ofrecían. Una unidad óptica de carga por ranura. Capacidad WiFi de alta velocidad. Una pantalla asombrosa para los estándares PC. Y un tamaño que me permitía soñar con llevarlo bajo el brazo. Me encapriché con él, y desde ese momento no había vuelta atrás.

Los meses que siguieron trajeron constantes visitas a distribuidores y centros comerciales para verlo, tocarlo, sentirlo y examinarlo. Me volvía loco. Mientras tanto, el nuevo sistema operativo que acababan de lanzar aumentaba las posibilidades de la interfaz asombrosamente, y, para mi sorpresa, ¡aceleraba el rendimiento de los equipos antiguos! ¡La antítesis de Windows! Todavía recuerdo con ilusión esas semanas de deseo imposible, de amor platónico por un sistema estable, sencillo, potente, funcional, que mejoraba con cada revisión y me permitiría olvidarme de historias. Sencillamente funcionaba.

Los bombardeos de preguntas a mi amigo, así como la indicación de un compañero macuariano, que me indicó la posibilidad de financiar la compra, me llevó a lanzarme. Mi hobby como diseñador web me daba ingresos como para permitírmelo, y me decidí, un día de diciembre, a acercarme por un distribuidor y hacerme con un iBook G4. La sensación del niño que, en la mañana de Reyes, descubre el regalo que había esperado todo el año, me invadió mientras paseaba por Madrid con mi novia y mi equipo recién adquirido bajo el brazo.

EL PLACER DE ABRIR UNA CAJA

Un comentario recurrente entre los usuarios de Macintosh es que el momento en que abres la caja de tu primer Mac es inolvidable. Es cierto. Desde entonces, un mundo en el que los periféricos funcionan sólo con enchufarlos (iPod, qué maravilla), donde prácticamente nunca se reinicia, donde te olvidas de virus, troyanos, dialers, donde eres más productivo que nunca y más feliz en tu ocio.

Para mi profesión no puede ser una herramienta más útil: toda la potencia que un programador Java / C necesita (gcc, JBuilder, Eclipse), navegación segura, Microsoft Office (espero ansioso el paquete iWork de Apple), las mejores aplicaciones de ocio (fotografías, composición musical, mp3, edición de vídeo), diseño web (Photoshop, Dreamweaver, Flash)…

Todo al alcance de la mano, con una sencillez pasmosa y sin un cuelgue o problema. El sueño de todo usuario de ordenadores avanzado, profesional, ocasional o principiante. Todo lo mejor de Linux y Windows, sin nada de sus problemas. Cada día me conecto a cinco redes inalámbricas distintas, sin tocar una sola tecla. Veo cómo mi Mac funciona en redes Windows mejor que los propios Windows.

No puedo recomendar lo suficiente el cambio a Mac a nadie: no hay palabras. Siempre digo que dejé de trabajar para mi ordenador, porque él empezó a trabajar para mi. Sufro cuando novia, amigos, padres, hermanos… me cuentan problemas que tienen con los PC/Windows y me piden que les ayude. Les intento convencer de que se cambien. En algunos casos lo he conseguido (algún amiguete, mi padre) en otros son Autocad y Access los que lo impiden. Pero sé que he puesto la mosca detrás de la oreja de varios amigos, igual que una vez me la pusieron a mi. He extendido la buena nueva. Ahora todo es cuestión de tiempo.

Además, no hay mejor campaña publicitaria que la que hago cuando la gente ve que llevo más de un año trabajando exclusivamente en el Mac y puedo seguir mi vida mucho más feliz y satisfecho. Los mitos se derrumban frente al testimonio de un año entero de sonrisas y satisfacciones.

gedto

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